El entrenador, exigente pero justo, trata de formar grupo y recuperar la identidad del equipo. Al principio las derrotas y los choques personales minan la moral: celos, rencillas del pasado y dudas sobre quién merece jugar. Poco a poco, los suplentes encuentran motivos para unirse: entrenamientos nocturnos, conversaciones sinceras y un partido benéfico que les da la oportunidad de demostrar su valía.